Las marcas “miman” hoy en día al consumidor de manera muy distinta a como lo hacían hace sólo unos años. Sus “mimos” no consisten ya en ponérselo todo en bandeja sino en dejarle libertad para personalizar a su gusto los productos y servicios que éstas ponen a su disposición. El nuevo consumidor hace sus reservas hoteleras por sí mismo en internet, factura él mismo su propio equipaje en el aeropuerto y fabrica sus propios cereales. Ayer éramos consumidores, pero hoy nos hemos convertido en otra cosa. Somos en realidad “prosumidores”.








