martes, 11 de septiembre de 2012

Perú: país competitivo


HACIA ARRIBA // El crecimiento que la economía peruana ha experimentado en los últimos lustros se ha traducido en una mayor competitividad, pero aún existen muchas dificultades para continuar avanzando en la feroz competencia entre países.

El Perú ha dados pasos decisivos para establecer las bases de un desarrollo competitivo. El resultado se puede observar en el importante avance de nuestro país en los rankings globales de competitividad. En gran medida, este es un logro que se sustenta en la fortaleza macroeconómica que ha venido consolidándose desde comienzos de los años noventa. Sin embargo, nuestro país aún presenta falencias en aspectos críticos como educación, salud, tecnología e infraestructura.
Ciertamente, en los últimos 10 años se vislumbra el esfuerzo por crear instituciones y desarrollar políticas específicas que ayuden a fijar un rumbo más claro. No obstante, si se tiene en cuenta el extraordinario desempeño económico que el Perú experimenta desde hace ya varios años, y lo que han logrado otros países en materia de competitividad, es claro que el progreso conseguido resulta insuficiente.

La agenda pendiente es aún muy amplia y no basta simplemente con avanzar en ella; pero hay que hacerlo con mucha mayor celeridad, porque la competitividad es esencialmente una carrera. Se debe ir más rápido que los demás países. Esto supone una resuelta decisión política y la obligación de una mayor coordinación y esfuerzo del Estado, las empresas y la academia, para que las mejoras en la productividad se traduzcan, finalmente, en una mayor prosperidad para la sociedad en su conjunto.
¿Cuánto hemos avanzado? ¿Qué es lo que falta? ¿Podremos seguir escalando en los rankings globales?

La definición
El concepto de competitividad ha evolucionado a través del tiempo. Para el profesor Michael Porter (Universidad de Harvard), se vincula a la habilidad de los países para proveer altos niveles de prosperidad a sus ciudadanos. «Antes, la competitividad se circunscribía a lo comercial, pero ahora es parte de un todo asociado a procurar el desarrollo sostenible», aclara Germán Alarco, profesor e investigador de la Escuela de Postgrado de la Universidad del Pacífico.

Para un país, la competitividad se refiere a la capacidad con que utiliza sus recursos humanos, económicos y naturales, lo cual resulta de la suma de varios atributos. Pero también es un término que involucra a las empresas y las personas.

Para la empresa, explica Juan Carlos Mathews, director de Educación Ejecutiva de la Universidad del Pacífico, el término competitividad se asocia a tres conceptos: precio, calidad y oportunidad de entrega. Un producto de buena calidad, pero con un precio alto, no va a tener demanda; lo mismo sucederá si el producto tiene un precio adecuado pero es de baja calidad.

Igualmente, si un producto no puede entregarse en el momento en que el cliente lo requiere, no va a poder ser adquirido y, por lo tanto, no será competitivo. «Asimismo, la competitividad involucra a la persona, quien debe ser competitiva en su profesión para resultar elegida al momento de buscar un trabajo», sostiene Mathews.

Entorno apropiado
Conseguir mayor eficiencia en el uso de los factores productivos (trabajo y capital), requiere ciertamente de un entorno adecuado. Por eso, cuando se habla de la competitividad de un país, se enfatiza el marco institucional.

«Además, el concepto de competitividad recoge los esfuerzos en innovación; es decir, las inversiones que realiza un país (Estado y sector privado) en investigación y desarrollo», complementa César Fuentes, catedrático de la Universidad Esan.

Si bien las que finalmente compiten en el mercado son las empresas, los países compiten en brindar el mejor contexto para que las empresas puedan desarrollarse y para atraer inversiones. «Considerando todos estos elementos, la competitividad requiere de un esfuerzo integrado del Estado, las empresas y la academia», señala Wilfredo Giraldo, coordinador del Proyecto Calidad de la Universidad de San Martín de Porres.

Las listas mundiales
Instituciones como el World Economic Forum (WEF) y el Banco Mundial publican rankings anuales que dan cuenta de cómo se está desarrollando la disputa en torno a la competitividad a escala global. Hay que advertir que estas clasificaciones tienen algunas limitaciones, porque se basan en índices que, además de datos cuantitativos, se construyen también a partir percepciones subjetivas. Sin embargo, nos dan una idea acerca de nuestra ubicación en el concierto global.

Refiriéndose específicamente al Reporte de Competitividad Global del WEF –que define en tres fases la carrera competitiva de los países: competencia por factores, competencia por eficiencia y competencia por innovación–, Wilfredo Giraldo explica que el Perú se encuentra entre las economías que compiten por eficiencia. «En los próximos años, si continúa el crecimiento, nuestro país deberá ingresar a competir con los países que están en tránsito hacia la innovación, que es la etapa más alta», estima Giraldo.

Ese optimismo está respaldado por el avance que el Perú está teniendo en los rankings globales. Por ejemplo, según el Reporte de Competitividad Global, en los últimos seis años nuestro país ha mejorado en 25 ubicaciones (situándose en el puesto 61, entre 144 países), y en el reporte Doing Business del Banco Mundial se constata un avance de 17 puestos (hasta la posición 41, entre 183 países) durante el último quinquenio. Ojo: las bases para que esos logros resultaran posibles fueron trazadas hace dos décadas…

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